-¿Y no la viste venir? Porque cuando se anuncia tu salida de Palermo, a la noche Boca pierde con San Lorenzo.
GUILLE-Para nada. De hecho yo renuncié el domingo y el miércoles se dio a conocer la noticia. Después pasó lo de San Lorenzo. Inclusive Gustavo, que tiene relación con el Vasco, lo llamó para decirle que nosotros no teníamos nada que ver. De Italia nos fuimos porque no podíamos ni entrar al vestuario los días de partido porque estaba la cámara y había que esquivarla. No podíamos entrar libremente como entrenadores porque figurábamos como dirigentes, no podíamos dar indicaciones, no teníamos un comportamiento normal de un entrenador. La verdad es que me sentí incómodo, me sentí en un lugar en que la ley no me permitía trabajar, por eso renunciamos.
-En ese breve lapso que estuviste, ¿qué cosas te sorprendieron?
GUILLE-En los 27 días que estuvimos, ningún jugador tuvo un problema. Ni con el hijo, ni con la mujer, ni con el auto, ni con un dolorcito. Todos lo que decíamos lo hacían. Es un poco lo que le falta al fútbol de Sudamérica. Es un problema de maduración, más que de falta de profesionalismo.
-¿Y cómo viste el fútbol italiano?
GUILLE-Muy fuerte, físicamente claro. En lo técnico, en lo individual, es igual que nosotros. Es un fútbol de hombres. No le dan tanta vuelta con lo físico o lo táctico. Uno ataca, uno defiende. Cuando se roba la pelota los roles se invierten. Así de directo...