Chiquitito Romero, dicen. Romero atajó en una semifinal de Libertadores y acá lo puteaban igual — la memoria selectiva del hincha es un poema. Montero viene de atajar dos el martes y meterte en cuartos, y el sábado le clavan un misil al ángulo y ya es Lanzelotta.
A Abbondanzieri lo silbaron de arranque y a Córdoba lo tuvo que bancar Bianchi en una conferencia histórica. Paciencia con el colombiano: cuando ataja, no se acuerda nadie.