From here to eternity

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From here to eternity

Miralo a Delio Onnis.... es el cuarto goleador "argentino" de la historia. Metió 363 goles en toda su carrera. Palermo por ej. 297. Hizo casi toda si carrera en Francia. Acá solamente jugó un par de años en Almagro y otro par en Gimnasia y Esgrima La Plata. Es además el máximo goleador de la historia del Mónaco.
 

NicoBosteroLP

Suplente
Que lástima que llegamos muy torcidos para esa final. Con una dupla central impresentable y sin Riquelme que ya siendo oficialmente jugador nuestro después de comprarle el pase al Villareal lo tuvo que mirar desde la platea porque los cráneos de los dirigentes no se avivaron de anotarlo en la lista previo al certamen... Así y todo el primer tiempo le jugamos de igual a igual a ese Milan con un Kaká imparable. En el segundo tiempo terminaron pesando nuestras limitaciones y las individualidades de ellos y terminó como terminó, pero con Román en cancha y una defensa menos sidosa la historia quizás podría haber sido otra...
 

palermito69

Estrella
Miralo a Delio Onnis.... es el cuarto goleador "argentino" de la historia. Metió 363 goles en toda su carrera. Palermo por ej. 297. Hizo casi toda si carrera en Francia. Acá solamente jugó un par de años en Almagro y otro par en Gimnasia y Esgrima La Plata. Es además el máximo goleador de la historia del Mónaco.
Palermo hizo 306 goles...este Onnis es una bestia...igual que Bianchi.
 

m10

Suplente
Que lástima que llegamos muy torcidos para esa final. Con una dupla central impresentable y sin Riquelme que ya siendo oficialmente jugador nuestro después de comprarle el pase al Villareal lo tuvo que mirar desde la platea porque los cráneos de los dirigentes no se avivaron de anotarlo en la lista previo al certamen... Así y todo el primer tiempo le jugamos de igual a igual a ese Milan con un Kaká imparable. En el segundo tiempo terminaron pesando nuestras limitaciones y las individualidades de ellos y terminó como terminó, pero con Román en cancha y una defensa menos sidosa la historia quizás podría haber sido otra...
Mal, es cierto, se habían ido Riquelme, clemente y cata Díaz que habían sido claves en la libertadores.. el reemplazo de Román fue el tano Gracián, con eso te digo todo.
Y ese kaka, impresionante, fue el último balón de oro antes de que se repartieran entre CR7 y Messi
 
Goleador que debuta y mete 4 en un clásico.... todos saben quién es... ahora, alguno se imaginaba que el precursor de Sandro Guzman que salió a practicar un shoryuken es nada menos que el
pato Fillol
?

 

cabjaz

Titular
Esas fotos de cuando Boca todavia era Boca...cuanta nostalgia. Ya no somos ni la mitad de eso, ahora hay jugadores metrosexuales que les chupa un huevo la azul y oro!
 

palermito69

Estrella
No concuerdo, BOCA es tambien la garra y entrega DE LOS JUGADORES QUE DEJARON TODO POR LA CAMISETA. ESO SE PERDIO LAMENTABLEMENTE...
Eso se perdio en el futbol en general...ya no hay Hrabinas ni Pasuccis...ni Ruggeris ni Passarellas...

Hoy los jugadores se depilannnnnnnn...se ponen cremas...pffffffffffffff...
 

Guason_79

Suplente
Felices 70 años al INCOMPARABLE El Virrey señor Carlos Bianchi





Les comparto una entrevista que se publicó en el gráfico el 13 de febrero 2013 : Carlos Bianchi: pasado de copas


-Para arrancar, me gustaría que recordara su primer contacto con el plantel de Boca, en 1998.
-Fue en Tandil. Yo estaba comentando el Mundial de Francia para la televisión y volví antes de la finalización. Con los primeros jugadores que hablé fue con los tres de arriba. Uno no sabía hasta dónde podía llegar Román, pero era importantísimo que él lo supiera, entonces tenía que tratar de explicarle cómo deseaba que jugara, porque él no había jugado casi nunca en esa posición detrás de los puntas, venía de hacerlo como volante por la izquierda. Cuando vi sus características, no tuve dudas: para mí, era el 10 ideal, ese jugador que podía hacer jugar a los dos de adelante, a los marcadores de punta o a un volante llegando por sorpresa. El podía aportarle al equipo toda su sapiencia. Y después estaban los dos puntas, Martín y Guillermo, que para mí eran hechos el uno para el otro por sus estilos de juego.

-¿Cuánto tiempo necesitó para tomar la primera decisión?
-La misma tarde de mi llegada hicimos fútbol. A mí me gusta conocer rápido a los jugadores. Lo mismo hice en el 93 cuando llegué a Vélez. Durante tres días hice 6 horas de fútbol, es la mejor manera de conocer a un jugador.

-¿Se para en un costado, mira y anota?
-Adentro, ¿qué voy a hacer a un costado? Al costado estoy los domingos, je, je.

-¿Tras esas primeras prácticas, les aseguró a los tres que iban a jugar los 19 partidos del torneo?
-No es tan así. Les dije que iba a depositar la confianza en ellos tres.

-Vayamos a las Copas, ahora sí, que es el objetivo de esta nota. Tras lograr el bicampeonato local, ¿afrontó la Libertadores con expectativas de ganarla?
-Sí, pero empezamos con unos pequeños problemas. Nosotros no teníamos a Palermo, que se había roto los cruzados el año anterior; en un amistoso en Mar del Plata se lastimó Serna la rodilla y no jugó en toda la Copa. Hablamos de puestos capitales: el volante central y el goleador, también teníamos a un Guillermo con lesiones. Recuerdo que cuando se lesionó Serna, al otro día lo agarré a Cristian Traverso y le dije: “A partir de ahora, el volante central vas a ser vos”. No entendía nada.

-Llegan los cuartos de final contra riBer, ¿en qué momento se le ocurrió poner a Palermo en la revancha?
-El día posterior al partido de ida. Hice una práctica con los que no habían jugado en el Monumental contra la Cuarta reforzada y ahí Martín metió dos goles desde afuera del área. Terminó el entrenamiento, nos fuimos al vestuario, y ahí lo agarré a Martín aparte. “Hoy es jueves, vas a trabajar toda la semana, pero quedate tranquilo, que el miércoles vas a ir al banco”, le dije.

-¿Se sorprendió?
-El no esperaba nunca que lo quisiera llevar al banco, pero al otro día, le empezaron a llegar opiniones de otras personas para que no jugara.

-¿De su representante?
-De gente cercana a él... dejémoslo ahí. Entonces lo agarré el sábado y le volví a hablar: “Esto va a ser simple, Martín. Yo te llevo al banco y, cuando arranca el segundo tiempo, vos vas a precalentar. Si yo te necesito, vas a entrar porque estoy seguro de que con vos adentro del área grande, a riBer se le va a complicar. Estés vos bien o mal, sos una preocupación para cualquiera, y yo tengo que aprovechar esa situación”.

-Era más psicológico que futbolístico...
-El no estaba 0 kilómetro, todos lo sabíamos, pero yo estaba seguro de que él podía crear problemas. Mire, yo fui… yo reaparecí después de la fractura de tibia y peroné, jugué 6 partidos e hice 3 goles, y no estaba para jugar, pero dentro del área grande, ehhh, a los goleadores les cae una y la saben aprovechar. Y bueno, sucedió que la película terminó linda. Recuerdo que cuando salí del vestuario para ir a la conferencia de prensa, vi a dos personas que le habían aconsejado a Martín no jugar. Les sonreí y les dije: “Yo lo quiero tanto como ustedes”.

-¿No tenía miedo de que le pasara algo?
-No, porque el doctor me había dicho que estaba curado.

-Cuando escuchó que Gallego decía: “Si Bianchi pone a Palermo, yo pongo a Francescoli”, ¿qué pensó?
-Lo primero que hice fue llamar a Enzo a ver si jugaba (risas)… No, no, lo acepté como una broma, el Tolo dice ciertas cosas con gracia.

-Pero Gallego no lo hizo como un chiste, él jamás imaginó que Palermo iba a jugar, los tiempos no daban.
-Sí, ¿pero vio? Yo digo: “El goleador, cuando está dentro del área grande, se agiganta”.

-La sensación es que usted lo puso porque era una situación límite: si los eliminaba riBer hubiera sido bravo. De hecho, Palermo recién volvió a ser titular cuatro partidos más tarde, en la final.
-Claro, porque no estaba en condiciones de jugar. Ni él ni Guillermo. En las semifinales con América jugaron Moreno, Barijho, Christian Giménez, los dos recién volvieron a ser titulares contra Palmeiras en Brasil, en la vuelta. Y los dos patearon penales en la definición, eh. Ninguno de los dos estaba para jugar 90 minutos, pero lo hicieron, ahí se ve el orgullo de los jugadores.

-Antes de la final, la pasaron mal contra el América en el Azteca. Cuando perdían 3-0, firmaba los penales, ¿o no?
-Aparte, Walter (Samuel) no había hecho nunca un gol (risas). Cuando se sacó la camiseta, me asusté, creí que estaba amonestado y lo expulsaban. Yo seguía creyendo en el equipo, cuando uno cree en algo no se puede achicar enseguida...

-Vamos a la final. Un amigo me comentó: “Sólo le puede pasar a Bianchi que un marcador de punta meta dos goles en una final de Libertadores”.
-Ojo que Arruabarrena tenía un olfato tremendo.

-Pero dos goles en una final de Libertadores, ¡un marcador de punta!
-Y se olvidan que en la vuelta, a los 5 minutos Rodolfo tiró el centro atrás que Palermo convirtió y le anularon. Mal anulado. Otra vez más Rodolfo estaba ahí, cerca de la zona de definición.

-¿Notó muy caídos a los jugadores después del 2-2 de la ida?
-Percibí más el desánimo en los hinchas, algo similar a lo que me había pasado en Vélez, cuando le ganamos a San Pablo apenas 1-0 en Liniers. El hincha desconfiaba del poder del equipo, creían que ir al Morumbí con 100 mil brasileros, con todo lo que representaba el Palmeiras, con los jugadores que tenía, que no íbamos a poder. A veces el hincha no tiene tanta confianza como puede tenerle el entrenador a su plantel.

-Entonces ¿cómo vio a los jugadores?
-Bien. Veíamos que el potencial del Palmeiras no era superfluo, sabíamos que nos teníamos que preparar para un partido tremendo, como finalmente lo fue.

-¿Les tuvo que hablar apenas terminó la ida, para levantarlos?
-No, no, enseguida después de los partidos, en general, no hablo.

-¿Cómo se le ocurrió pegar los recortes con las declaraciones de Scolari?
-Ya lo había hecho con Vélez, porque Telé Santana había dicho algo parecido. Cuando leí que Scolari declaró que ya se sentían campeones, pensé: “Esto hay que usarlo, no hay que desperdiciarlo”, entonces fui e hice 50 fotocopias.

-¿Las hizo usted mismo o mandó a alguien?
-No, no, yo hice las fotocopias, después se las di al utilero, las pegó por todos lados, y los jugadores las vieron cuando entraron al vestuario.

-¿Usted había visto cómo pateaban los penales los jugadores del Palmeiras o lo hizo un colaborador?
-Yo miré todos los partidos que había jugado el Palmerias antes de la final. Y en un momento lo agarré a Carlos (Ischia) y le dije: “Acá tenemos este papel con los pateadores, andá y ponete atrás del arco cuando termina el partido”. Después, lo agarré a Oscar (Córdoba) y le conté lo que había visto, pero también Oscar era un gran atajador de penales. El arquero, por más que tenga la información, debe mirar cómo está parado el jugador, porque puede cambiar.

LA NOCHE MAGICA ANTE EL REAL MADRID
-Contra el Real Madrid de las estrellas, ¿por adentro la veía 50 y 50, o pensaba que Boca tenía menos chances?
-En un partido, las posibilidades son repartidas. Ellos creían que tenían mejores jugadores que nosotros y yo estaba convencido de que nosotros teníamos mejores jugadores que ellos.

-¿Ese partido lo jugó a no perder?
-¡¿Jugar a cómo?! (mira extrañado). Si uno piensa jugar un partido a no perderlo, no lo puede ganar. Nosotros salimos con intenciones de ganar.

-¿Cuál era la clave?
-Sabíamos muy bien cuáles eran sus puntos fuertes y tratamos de aprovechar los nuestros: Delgado era más rápido que los defensores centrales, Hierro y Karanka, teníamos que aprovechar eso. Y lo hicimos.

-¿Le costó mucho tomar la decisión de no poner a Guillermo?
-Siempre fui un convencido de que el técnico debe poner al que piensa que está mejor en ese momento. Esa era mi idea, y en ese momento estaba mejor Marcelo (Delgado) que Guillermo.

-¿Lo afectivo no pesaba?
-No, no, porque yo ya había tomado una decisión tremenda, ¿se da cuenta? Y usted no me la pregunta, una decisión que era mucho más importante para mí que si jugaba Guillermo o Marcelo.

-Sacar a Fagiani…
-Claro, decirle a un jugador que no iba a jugar la final de la Copa del Mundo después de ser titular todo el campeonato es tremendo. Me costó, nos encerramos los dos en su pieza, pero no merecía estar en el campo de juego, porque después el lamento no sirve de nada. Cuando salí al campo de juego, sabía muy bien que los que estaban en ese momento eran los mejores. Aparte, el jugador de fútbol se da cuenta si usted está haciendo algo que no debe hacer, ¿me entiende? Uno debe ser lo más neutral posible, y estar convencido de que el que pone está mejor que el que dejó afuera.

-¿Cómo manejó la situación interna de Guillermo y Delgado? Palermo le había dicho a usted…
-No, no, no (interrumpe), esas son estupideces que tiran ustedes los periodistas.


-¿Pero no hubo una reunión para aclarar la situación?
-Hubo una reunión en la que yo hablé 45 minutos y nadie abrió la boca. Esa fue la reunión, pero nadie me pidió nada, ni Riquelme pidió que jugara Delgado, como tiraron ustedes, porque vamos a decir la verdad, uno sabe lo que quieren sembrar: problemas donde no los hay, ni Palermo había dicho que tenía que jugar Guillermo…

-No: que Palermo le dijo a usted que él se sentía más cómodo jugando con Guillermo...
-Al final... Marcelo le dio el gol a Martín. El problema es que los jugadores también creen en algunos periodistas cuando se le acercan diciéndoles que son amigos de ellos. Y ese es un gran problema, que ustedes no dejan nunca de hacer su trabajo.

-¿Qué les dijo en esos 45 minutos de charla?
-Que era una estupidez, después de dos años y medio de sufrir y trabajar y desear llegar a este momento, que no lo aprovecharan, era una estupidez muy grande.

-O sea que usted algo olía, porque si dijo eso...
-Claro que sí, pero es de la propia tensión también, una cosa de locos: llegábamos a la final de una Copa del Mundo después de dos años y medio de esfuerzo, pensando primero en salir campeón de Argentina, no hay que olvidarse de que entre el 81 y el 98, Boca sólo había ganado un campeonato con Tabárez ¿de acuerdo?

-A los 5 minutos, ya le ganaban 2-0 al Real Madrid, ¿se pellizcaba?
-Eso no estaba programado para nada, eh, ja, ja… Atacar dos veces y convertir dos goles es una cosa anormal, pero enfrente estaba el Real Madrid, y duró poquito, apenas 6 minutos hasta que nos metieron el gol, después hubo un tiro en el travesaño... Una de estas madrugadas, me desperté, prendí el televisor y estaban pasando esa final. Vi todo el segundo tiempo. La verdad es que lo recordaba con mucho más problemas para nosotros. No fue así, hubo una sola situación clara, yo creía que habíamos sufrido más.

-¿Disfrutó más esa Intercontinental que la del 94 con Vélez?
-Ya no tenía más a mi padre, desgraciadamente, porque falleció en el 97. En la Intercontinental del 94, el viejo les pagó el pasaje a Japón a los nietos (se emociona)… Mi padre era una cosa extraordinaria. En el 2000 estaba toda mi familia.

-¿Cuál fue la primera sensación apenas terminó el partido y Boca se coronó campeón del mundo después de 22 años?
-Es difícil decir ahora… Mire, sí recuerdo un detalle que marca la grandeza de un club y de una persona. A mí me habían hecho un reportaje en una revista española un mes antes de esa final. Ahí conté que en 1997 mi hijo estaba radicado con su familia en Madrid y que el ídolo de mi nieto era Raúl. Y conté que había ido al supermercado y comprado toda la ropa del Real Madrid de Raúl. ¿Usted puede creer que terminó esa final y enseguida vino un dirigente del Real Madrid al vestuario con la camiseta 7, mandada por el mismo Raúl, para mi nieto? Es extraordinario. Ahí usted ve toda la grandeza de un jugador, la corrección, la disciplina, toda la conducta que puede tener en su vida.

-¿Fue Raúl o el Real Madrid?
-Raúl. El había leído ese reportaje y después de una derrota, no después de una victoria, eh, se acordó de que yo había dicho lo de mi nieto y me mandó la camiseta al vestuario.

LA FINAL MAS FACIL DE TODAS

-En 2001 arranca un nuevo año con el desafío de repetir, ¿cuál es el discurso que les baja a los jugadores?

-Que lo más difícil que hay es repetir. Que lo único que nos quedaba era seguir trabajando para repetir. Llegar es fácil, confirmar es difícil. Una de las grandes suertes para un técnico es encontrar un plantel que lo escuche. Un plantel que haya ganado y quiera seguir ganando. Porque hay planteles que nunca ganaron nada y no escuchan al técnico, ¡atención, eh! Yo tuve una suerte tremenda, tanto en Vélez como en Boca, de encontrarme con gente lo suficientemente inteligente para escuchar.

-Un gran partido de esa Libertadores 2001 fue contra Vasco da Gama en la Bombonera…
-Fue una de las veces que más me reí en un campo de juego, porque el estadio terminó gritando “Matellán, Matellán”, alguien al que habían insultado durante tanto tiempo... Hizo el gol de chilena, y el estadio gritaba “Matellán, Matellán”. Increíble. Lo que es el reconocimiento a la equivocación, ¿no? El tenía un karma, que era suplantar a Samuel, apropiarse de un puesto que durante un par de años había sido defendido por uno de los mejores jugadores del fútbol argentino. Le ganamos 3-0 a un Vasco que tenía a Romario y a Juninho Pernambucano...

-Llega la semifinal con Palmeiras, de nuevo salen 2-2 en la Bombonera y ahora les toca ir a Parque Antarctica, no al Morumbí. Ahí le rompen la cabeza de un piedrazo...

-Una lata de cerveza me tiraron. Yo volvía del entretiempo por debajo de la tribuna con dos policías que me protegían con sus escudos, iba mirando para arriba y veo que viene la lata cayendo, que iba a pasar entre los dos escudos, hice un movimiento, pero no llegué y me golpeó en la cabeza. Terminé en una cabina, arriba. Fue un partido bastante duro, empezamos ganando 2-0, después nos empataron. [NO SE SUSPENDIÓ, SE JUGÓ Y NADIE FUE A RECLAMAR NADA]

-¿Usaba el handy para hablar con Ischia?
-Sí.

-Llegaron los penales y de nuevo mandó a alguien detrás del arco para datear al arquero...
-Fue Roberto (Prado), el utilero... En el entretiempo le había dado el papelito, Ischia no se podía mover.

-Pasan al Palmeiras por penales y llega la final con el Cruz Azul: vuelve al Azteca donde la había pasado tan mal el año anterior, ¿cambió algo luego de esa experiencia?
-Yo ya sabía que el estadio era muy grande, que nos íbamos a encontrar con un equipo difícil y que llegábamos bien, pero también sin muchos delanteros: Guillermo estaba lesionado y Marcelo (Delgado) venía de una lesión, entró faltando 20 minutos y terminó haciendo el gol.

-¿Se confiaron en la revancha, después del 1-0 en el Azteca?
-No nos confiamos, jugamos mal, hay que aceptarlo. Cruz Azul jugó bien, convirtió el gol y fue lógico ir a los penales, porque hubo una paridad entre los dos partidos.

-De las 5 Copas que ganó con Boca, esa fue la única conquistada en la Bombonera, ¿sintió algo especial por eso?
-Especial era que volvíamos a Tokio, eso era lo especial, aparte de que confirmábamos lo que habíamos hecho el año precedente.

-¿Siente que le metieron la mano en el bolsillo en la Intercontinental contra el Bayern en Tokio?
-Uhhhhhh…. Llorar tantos años después no sirve de nada, lo único que yo sé es que de todas las finales Intercontinentales que jugamos, esa era la menos complicada. No hay que olvidarse de que estuvimos más de una hora con un hombre menos, que jugamos la prolongación y que el gol fue en falta también. Me equivoqué en algo, eso sí, debo reconocerlo.

-¿En qué?

-Cuando terminó el partido, yo dije que Nielsen (el árbitro) iba a dirigir la final de la Copa del Mundo del 2002. Me equivoqué… dirigió la semifinal.

-Hizo bien los deberes, dice usted.
-Sólo dije que me equivoqué: que iba a dirigir la final y al final dirigió la semifinal.

2003: OTRA VEZ LA TRIPLE CORONA

-Se va a fines del 2001, Boca juega con Tabárez la Libertadores 2002, lo eliminan en cuartos de final y usted vuelve en 2003 para revalidar todo, ¿sintió esa presión?
-Y… sí, uno siente que es una obligación. El hincha recuerda, pero también olvida en algunos momentos, entonces sabía que tenía que tratar de repetir y que era muy difícil.

-Se lo ve siempre tranquilo a usted, ¿siente la responsabilidad?
-La responsabilidad uno la debe tener siempre, es una cosa lógica, yo soy un profesional, eh, sé que tengo que cumplir un trabajo, sé lo que esperan los hinchas, ganar, y que hay clubes que tienen más posibilidades de ganar que otros, que es el caso de Boca, entonces uno debe saber muy bien que lleva la responsabilidad de ser candidato.

-Al volver al club, se reencuentra con Tevez, al que había hecho debutar en 2001...
-Me encontré con un Carlos que venía de jugar el Sudamericano con el Seleccionado Sub 20, y que no comprendía muy bien por qué le daba 15 días de vacaciones. Si lo seguía utilizando sin darle vacaciones, lo iba a exprimir y no lo iba a tener para las finales. Yo tenía confianza en que podíamos llegar a las finales, en campeonato y Copa, entonces le dije: “Tomate 15 días con tu familia”. Carlos no lo comprendió porque decía que estaba bien, se quería quedar. Es lógico, el jugador de fútbol quiere jugar siempre.

-¿Cómo lo convenció?

-Le dije: “Acá el que toma las decisiones soy yo”. Es simple (risas).

-Esa Copa se le puso difícil en octavos, perdieron 1-0 con Paysandú en la Bombonera.
-A ustedes, que les gustan las estadísticas, fíjense, creo que no hubo otro equipo, que encadenara 7 triunfos seguidos en esta fase de Libertadores, que ganara las cuatro instancias de visitante. Es una linda estadística, ¿no? (Confirmado: no hubo otro).

-En Belén debía ganar por dos goles, ¿qué les dijo a sus jugadores?
-Tardamos 17 horas para llegar a Belén. Eso es para los que dicen que en Europa juegan domingo y miércoles sin problemas, pero claro, 17 horas a uno le sobran para recorrer toda Europa y nosotros tardamos ese tiempo en ir de acá al norte de Brasil. Llegamos y había una humedad terrible, llovía, aparte las canchas allá no son de césped, son lechugas lo que tienen, son plantas de lechugas (risas), es una cosa increíble. Nosotros tampoco llegábamos bien, pero jugamos con los tres de punta arriba: Tevez, Delgado y Guillermo. Eso quiere decir que habíamos preparado el partido para ir a ganarles.

-¿Qué les dijo?
-Que teníamos que ganar. Primero ganemos, después vemos por cuánto. Nosotros habíamos tenido una performance no muy buena en casa, pero también lo podíamos haber empatado. Esto son los partidos que uno recuerda de un jugador particular, y ese fue el partido de Guillermo. Hizo un partido tremendo: metió tres goles, hizo hacer el cuarto. Después, el sacrificio que pusieron todos, porque cuando ellos vinieron a buscar el tercer gol, los tres puntas también tuvieron que trabajar defensivamente.

-La final le toca de nuevo en el Morumbí, esta vez contra Santos. ¿Por adentro sentía la llamada del destino? Ya había ganado con Vélez en ese estadio, también con Boca en 2000.
-Al final voy a terminar creyendo que tengo que hacerme una casita cerca del Morumbí, ¿no? (risas). Le cuento una anécdota. Con Vélez, en el 94, en el último partido del grupo nos tocó Palmeiras. Nosotros ya nos habíamos clasificado la fecha anterior ganándole a Boca en la Bombonera. Eramos los primeros del grupo, así que armé un equipo alternativo. Esa noche teníamos que jugar con Palmeiras en Parque Antarctica, pero agarré a un par de dirigentes, al doctor y les dije: “Vamos al Morumbí”. Fuimos, entramos al estadio, caminamos por adentro, y cuando salimos, le dije al médico: “Tordo, acá venimos para la final”. Y mire lo que son las cosas: terminamos yendo para esa final.

-Para esa, para la del 2000 y para la del 2003, me imagino a los brasileños diciendo: “¡Otra vez Bianchi de nuevo, nooooo!”. ¿Usted iba a Brasil y se sentía invencible?
-La vida está hecha de casualidades, como me dijo mi hijo: “Papi, ¿cómo vas a dejar de trabajar si nunca le ganaste a Olimpo?”.

-Pero a usted el aire brasileño le sentaba bien.
-Y eso que rara vez pasé vacaciones en Brasil, la verdad, eh (risas).

-Llegamos a la Intercontinental contra el Milan de Kaká, Shevchenko, Maldini, Cafú, Seedorf, ¿cuánto tiempo antes se empieza a pensar un partido así, a materles fichas a los jugadores?
-Lo que pasa es que pensábamos en salir campeones acá primero. Estábamos en la punta, adelantamos un partido, y si le ganábamos a Arsenal ya éramos campeones antes de viajar, que era lo más importante. Habíamos sufrido bastante cuando volvimos en el 2000 después de ganarle al Real Madrid, ahí hubo culpas mías, porque después de tanto tiempo de viaje, le ganamos un partido atrasado a San Lorenzo, perdimos entre semana ante Independiente y se nos complicó, entonces teníamos primero que concluir el campeonato local.

-¿Usted empezó a buscar información apenas el Milan ganó la Champions en mayo?
-Uno la información la tiene que tener toda: mirar los partidos, eso seguro, estás jugando contra el campeón de Europa, hay que estar preparado, hubiera sido una inconsciencia de mi parte si no reconocía al Milan.

-Pero ¿cuándo les empieza a hablar a los jugadores?
-Faltando tres semanas llamé a Iarley y le dije: “Vos sos el único delantero que va a jugar seguro”. Nosotros teníamos un gran problema: Guillermo venía de una lesión y Tevez, de estar 45 días sin jugar porque la AFA no lo dejaba, ¿se acuerda? Entonces, contaba con tres delanteros, de los cuales dos no estaban capacitados para jugar 90 minutos, y el único que estaba capacitado era el mayor de todos, Iarley, con 32 años (risas). Entonces le dije: “A vos te reservo, quedate tranquilo, no vas a jugar estos partidos del campeonato, porque sos el único delantero que va a jugar seguro contra el Milan”.

-¿Qué les dijo a Guillermo y a Carlitos?

-Los agarré a los dos antes del partido y les dije: “Guillermo, vas a jugar la primera hora vos y Carlos, vos la segunda”. Yo pensaba en un posible alargue. Y finalmente sucedió, fueron 120 minutos y jugaron una hora cada uno.

-¿Le costó dejar afuera a Tevez?
-Es que Carlos hacía dos meses que no jugaba, porque el entrenamiento es el entrenamiento, pero el fútbol cotidiano es diferente. Lo bueno fue que se empató rápidamente, eso fue lo importante, porque si el Milan hubiera tenido la posibilidad de manejar ese resultado habría sido muy difícil revertirlo.

-¿El tiro libre que terminó en el gol de Donnet fue una jugada preparada?
-Sí. Es un tiro libre que uno trabaja en el plantel, y hay cierta persona que tiene que ir por un lado y otros para el otro...

-¡Donnet es otro que le tiene que agradecerle a San Bianchi!
-Nooooooo, yo le tengo que agradecer a todos los jugadores que tuve bajo mi mando en Argentina.

2004: ULTIMA COPA, CAIDA y ADIOS

-Llegamos a su última Libertadores. ¿Alguna vez vivió alguna previa con tanta tensión como la de riBer-Boca? Porque además de ser una semifinal de Copa era sin hinchas visitantes…
-(Piensa) No sé, yo lo viví con tensión, habíamos ganado 1-0 en la ida, y sabíamos que no era un resultado muy tranquilizante.

-¿Usted se pone nervioso antes de los partidos, con tantas batallas que tiene encima?
-Con la ansiedad lógica que puede tener uno, pero no más allá, es un partido de fútbol.

-¿La revancha en riBer la salvó Guillermo de boquilla?
-Pienso que la viveza de Guillermo le sirvió al equipo, seguro, son momentos muy delicados que hay que saberlos manejar. Y él lo supo hacer.

-¿Usted decide quién patea los penales, o los jugadores?
-Siempre decido yo.

-¿En qué momento decide quién patea?
-Cuando termina el partido.

-¿Los mira y decide?
-Esto es así. Yo no fui un bailarín para nada, atención con esto, porque no soy bailarín, pero me imagino que el que va a bailar quiere sacar a una chica y las miradas se tienen que encontrar para que los dos quieran la misma cosa, ¿no es así? Entonces esto es lo mismo: yo tengo enfrente a los jugadores, y los miro. Había siempre uno que se me ponía atrás, enseguida sabía que ese no lo quería patear (risas). Y atención que algunos no quieren patear el sexto, lo he vivido con jugadores de experiencia, increíble, me pasó una vez en el Atlético de Madrid en una Copa.

-¿Cómo se le ocurrió que patearan Alvarez y Ledesma, dos pibes que recién empezaban?
-Con Nicolás (Burdisso) también, ¡hay que arriesgar con Nicolás un penal, eh! (risas). Lo que pasa es que él tiene la estirpe de ganador, el temperamento de ganador, juega a la bolita y quiere ganar, pero patear un penal, eh… Y atención que el último lo pateó Javier (Villarreal).

-Pero ¿cómo se le ocurrió que fueran Ledesma y Alvarez?
-Y… los miré, y me mantuvieron la mirada. “Los patean vos y vos”, dije. “Sí”, me contestaron. Javier también era otro tapado.

-En la final con Once Caldas por primera vez desde su llegada a Boca, después de 15 cruces eliminatorios, sale derrotado, ¿cómo lo digirió?
-Tendríamos que haber hecho la diferencia en el partido de ida, tuvimos tiros en el travesaño, no se ganó, y está dentro de las posibilidades terminar perdiendo una clasificación a pesar de ser superior.

-¿Le costó asumir una eliminación con Boca por primera vez?
-No, no, porque estaba contento con el plantel, estaba tranquilo, habían dado todo, ese plantel en un año y medio logró cosas que es muy difícil de lograr.

-Pero no es lo mismo ganar que perder.

-Eso ya lo sé, ¿pero quién es el que ganó siempre? ¿Lo conoce al que ganó siempre?

-Casi siempre…
-¿Y lo conoce al que perdió siempre? También el que perdió mucho a veces ganó y el que ganó mucho a veces perdió.

-¿En qué momento decidió que se terminaba el ciclo?
-Lo decidí después de perder la final y de estar en la Argentina. Hubo cosas especiales que yo tenía… (piensa; prefiere callar) digamos tenía que estar cerca.

-Para terminar, Carlos: cuando muchos dicen que usted tiene el celular de Dios, ¿le molesta, cree que lo hacen para menospreciar sus méritos?
-Suerte uno tiene que tener en la vida… cuando uno se pone a pensar en los periodistas que trabajan (risas), tienen suerte, nosotros también tenemos suerte, claro, pero eso de que Dios está cerca de uno… A mí se me murieron mis padres y mis suegros y yo no tuve la suerte estar cerca de ellos en esos momentos. Entonces, si uno tiene a Jesús al lado, no lo pide para un partido de fútbol, lo pide para cosas mucho más importantes, el que lo pide para ganar un partido quiere decir que no cree mucho en Jesús.

Por Diego Borinsky. Ilustración: Gonza Rodríguez. Fotos: Photogamma y Archivo El Gráfico




GRACIAS CARLOS BIANCHI
 
Última edición por un moderador:
Y pensar que las gallinas dicen que Gatardo es más grande. Cuando el sorete gane TRES intercontinentales (cosa que nunca va a lograr), ahí recién podemos sentarnos a discutir. (Nunca nos vamos a sentar a discutir).

Gracias por todo, Virrey. El mejor técnico de la historia del fútbol argentino.
 
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