Era obvio que este zángano no se iba a ir, si le quedan al menos seis meses más de vivir de arriba con un sueldo millonario sin tener que jugar ni un partido, ni loco se va a antes.
Siempre pasa lo mismo, llega un fracaso fuerte, enojo por todos lados, el rumor de que se viene una superlimpieza que incluye a la morsa esta, baja la espuma y arrancamos un nuevo torneo con los mismos muertos de siempre. Solo resta esperar que estos sean efectivamente los últimos meses de Fabra, que a Russo no le cruce por la cabeza utilizarlo alguna vez y principalmente que a los cráneos del Consejo no se les dé por renovarle. Solamente así nos terminaremos librando de uno de los mayores clavos que alguna vez este club haya tenido.