Ever_
Reserva
Año 1998. La Boca, Buenos Aires Argentina.
Los domingos con la familia son una costumbre bien Argentina. Como el asado, el vino y por supuesto el fútbol. Vivirlos siendo viejo puede ser la oportunidad perfecta para tener a toda la familia reunida por lo menos una vez por semana, la mía se junta hasta 2 o 3, tengo esa suerte.
Este mediodía vino a comer mi nieto, tiene apenas 7 años, pero ya juega en las inferiores del Rojo y se nota que tiene mucho futuro. Siempre que viene me pregunta, cual alumno y maestro, cosas referentes al deporte padre de la República Argentina. Jugadores, campeonatos, historias y demás son algunos interrogantes que tengo que contestarle al pequeño infante cada vez que aparece para alegrarme el día con sus locuras.
Este día había traído a la casa una nuevo atenuante, me preguntó algo que me hizo recordar momentos hermosos de mi niñez y adolescencia, momentos que en mi vida voy a olvidar.
Partamos desde el principio, mi casa es lugar de grandes hallazgos, de interminables tesoros del mundo del fútbol: cuadros, remeras, revistas, incluso tengo la réplica de la Copa Libertadores de 1978 guardada en una vitrina especial. Quizá la gran curiosidad de Martín haya fomentado este momento, quizá hubiera sido el destino lo que lo mandó a encontrar la foto con epígrafe incluída, de mi gran ídolo, del Rata.
Llegó a mi cauteloso, como tanteando el lugar.
— Abuelo. Se anunció el pequeño.
— ¿Sí?
— ¿Te puedo hacer una pregunta?
— Por supuesto hijo, decime, ¿Qué querés saber?
— ¿Quién fue este señor? Dijo procediendo a enseñarme la foto.
Me quedé callado un minuto, no sabía que decirle, había quedado en una especie de shock emocional cuando de la nada se acercaron a mi tantos recuerdos, tantas glorias del ayer, que de forma idónea se presentaban ante un pibe amante del fútbol que se encontraba en el comienzo de su gusto por el fútbol.
Salí del enfriamiento y pasé a relatarle algo que estaba tan dentro mío como el amor por los colores, Rattin, Rojitas y Roma. Eso respondía en mi niñez cuando los amigos de mi viejo me consultaban sobre mis ídolos a la hora de concurrir a la cancha. Me comía todo: Apretujes, no distinguir casi nada, salir tan transpirado como los jugadores para ver a Boquita. Yo lo ví debutar en el 56, cuando como regalo de cumpleaños número 16 me llevaron a la sur baja.
El partido fue inpecable, el tipo era tan parecido a Pipo, tenía su porte, su técnica pero con la identidad de Boca bien marcada. Lo ví y dije: “Este tipo está a la altura de Boca”.
— ¿Y nunca jugó en Argentina? Me preguntó Martincho.
— ¡Por supuesto que jugó! Gracias a este tipo se inventaron las tarjetas.
— ¿Cómo?
Rattin jugó los mundiales 62′ y 66′, pero el que más recuerdan todos los que alguna vez vieron lo que es Boca es el último. Te paso a contar, mi opinión es clara, desde el 34 y hasta el 78 inclusive, salvando los del 50 y algún otro, todos los mundiales de fútbol se compraron, al menos de forma parcial.
El arreglo se vió en los 4°, entre Alemania e Inglaterra, para que estos últimos definieran la final (el gol que no entró). A nosotros nos tocó un árbitro Alemán y a Alemania un árbitro Inglés (¡Oh casualidad!). Para completarla lo expulsan a él, quedó 5 minutos peleado con el árbitro, 10 no queriendo salir y 20 sentado en la alfombra roja de la reina.
— A Boca le dió todo, siempre me voy a acordar de él.
— ¿Y cómo jugaba?
Era de esos 5 de antes, gran físico, controlaba todo el medio y combinaba tremenda mente con Rojitas, era como el pibe este que vimos en las inferiores el otro día, Battaglia creo. El Rata si no es el máximo ídolo de Boca, del top 3 no pasa.
—Gracias Abuelo, te quiero, nos vemos. Se despidió de mi pasadas 3 horas. Le había enseñado a mi nieto, un poco de la historia que yo sé.