FernandoBostero
Idolo
Hay veces en la vida que uno vive momentos épicos en el fútbol sin darse cuenta. Porque si se juega una final de Copa, uno ya está mentalizado desde la tribuna o desde la casa, que lo que está viviendo para bien o para mal, es histórico.
Pero existen otros partidos a priori intrascendentes, a los que nadie da bola, nadie recuerda, pero terminan siendo hitos en la historia reciente argentina. Así fue allá lejos y hace tiempo, cuando debutó el Diego, en un partido que, si damos fe a todos los viejos que nos dicen que estuvieron ahí, sería por lejos el de más espectadores de la historia del fútbol mundial.
Y yo desde ayer que cierro los ojos y vuelvo a ver ese gol. Escribo esto y en vez de pantalla veo ese gol. Un partido más en nuestra historia. El Diego hacía casi un año que había vuelto, y había pasado de todo. Se perdió un campeonato increíble, ganó Macri las elecciones, lo trajo a Bilardo, le metimos el histórico 4 a 1 a riBer, el forro de Castrilli nos recontra cagó contra Vélez...
Y ahí estábamos ese día en la Bombonera. Otros tiempos, cualquiera con 10 pesos en el bolsillo conseguía entrada salvo que se acuerde sobre la hora del partido. Y Boca ganaba y aguantaba a un Belgrano entusiasta por el empate. Y de pronto, parte un pelotazo desde el fondo. No me acuerdo si fe de Gamboa o Vivas. Un bochazo contra la línea de cal de eses que en el 99% de los casos, mueren mansos en las manos del arquero rival.
Pero por un segundo, como si hubiera recuperado algo de las musas del '86, el Diegote, gordo, drogado y con toda la gira encima, con 10 kilos encima de los que tenía cuando salió hecho un Dios griego de mechón amarillo contra Colón, pegó el pique y por primera y unica vez en el partido, los centrales piratas lo corrían de atrás.
En otros tiempos se metía con bocha y todo en el arco. Ahora ya no, sobre el vértice del área ya le estaban dando alcance. Y encima el arquero le salía. Y la bocha, caprichosa, berrinchosa como con cualquier pase espantoso, picaba una y otra vez en ese vértice del área grande.
Y el Diego pega un saltito y hace esas contorciones que solo él podía hacer con su milagrosa zurda. Y la bocha voló agradecida porque por una pvta vez era bien tratada. contenta por esa caricia que la depositó por arriba y ante la vista de un impotente arquero, en el segundo palo. Un pique justo antes de la línea de cal, como para saludar a La 12 y ahí sí, entrar en la historia grande de Boca.
Porque aquel 9 de junio de 1996 el Diego nos regaló su última obra de arte. Su último gol de jugada en el fútbol. Un año después vendría otro de penal. Gracias D10S por permitirme ver desde una tribuna ese partido. Tenía 15 años. Había llegado en la, oh casualidad, línea 86, que te llevaba de Caballito a La Boca.
No se uds. Pero yo desde ayer miro sin mirar. Mis ojos solo ven ese gol, una y otra vez.
Fue un partido más que no definía absolutamente nada. Pero de esos partidos más que nadie olvida más.
Pero existen otros partidos a priori intrascendentes, a los que nadie da bola, nadie recuerda, pero terminan siendo hitos en la historia reciente argentina. Así fue allá lejos y hace tiempo, cuando debutó el Diego, en un partido que, si damos fe a todos los viejos que nos dicen que estuvieron ahí, sería por lejos el de más espectadores de la historia del fútbol mundial.
Y yo desde ayer que cierro los ojos y vuelvo a ver ese gol. Escribo esto y en vez de pantalla veo ese gol. Un partido más en nuestra historia. El Diego hacía casi un año que había vuelto, y había pasado de todo. Se perdió un campeonato increíble, ganó Macri las elecciones, lo trajo a Bilardo, le metimos el histórico 4 a 1 a riBer, el forro de Castrilli nos recontra cagó contra Vélez...
Y ahí estábamos ese día en la Bombonera. Otros tiempos, cualquiera con 10 pesos en el bolsillo conseguía entrada salvo que se acuerde sobre la hora del partido. Y Boca ganaba y aguantaba a un Belgrano entusiasta por el empate. Y de pronto, parte un pelotazo desde el fondo. No me acuerdo si fe de Gamboa o Vivas. Un bochazo contra la línea de cal de eses que en el 99% de los casos, mueren mansos en las manos del arquero rival.
Pero por un segundo, como si hubiera recuperado algo de las musas del '86, el Diegote, gordo, drogado y con toda la gira encima, con 10 kilos encima de los que tenía cuando salió hecho un Dios griego de mechón amarillo contra Colón, pegó el pique y por primera y unica vez en el partido, los centrales piratas lo corrían de atrás.
En otros tiempos se metía con bocha y todo en el arco. Ahora ya no, sobre el vértice del área ya le estaban dando alcance. Y encima el arquero le salía. Y la bocha, caprichosa, berrinchosa como con cualquier pase espantoso, picaba una y otra vez en ese vértice del área grande.
Y el Diego pega un saltito y hace esas contorciones que solo él podía hacer con su milagrosa zurda. Y la bocha voló agradecida porque por una pvta vez era bien tratada. contenta por esa caricia que la depositó por arriba y ante la vista de un impotente arquero, en el segundo palo. Un pique justo antes de la línea de cal, como para saludar a La 12 y ahí sí, entrar en la historia grande de Boca.
Porque aquel 9 de junio de 1996 el Diego nos regaló su última obra de arte. Su último gol de jugada en el fútbol. Un año después vendría otro de penal. Gracias D10S por permitirme ver desde una tribuna ese partido. Tenía 15 años. Había llegado en la, oh casualidad, línea 86, que te llevaba de Caballito a La Boca.
No se uds. Pero yo desde ayer miro sin mirar. Mis ojos solo ven ese gol, una y otra vez.
Fue un partido más que no definía absolutamente nada. Pero de esos partidos más que nadie olvida más.