País vanguardista: antes se compraban jugadores, ahora a los directores técnicos

Nuestros abuelos y padres se emocionaban contándonos epopeyas de notables futbolistas que engrandecieron al fútbol argentino. Ellos también han tenido tremendas despedidas. Pero hoy nos encontramos con desembolsos "millonarios" para contratarle un entrenador a otro Club. Y este deporte, que tanto se jactaba de tener códigos, demostró una vez más que jamás los tuvo


Cuenta la "leyenda" que uno de los clubes más representativos del fútbol nacional, riBer Plate, se ganó el mote de "millonario" por las elevadas sumas de dinero que supo desembolsar primero por Carlos Desiderio Peucelle y luego por Bernabé Ferreyra, tremendas glorias. Fueron transacciones que marcaron una época, revolucionaron los mercados de pases y entusiasmaban al público, de manera tal que los estadios se abarrotaban de gente cada fin de semana para disfrutar de auténticas exhibiciones.

En su momento, tanto riBer como Boca se "mataron" por la contratación de un Diego Armando Maradona, la gente no contaba con las virtudes de internet y se apegaba con entusiasmo a la transmisión radial o se agolpaba en el kiosco de diarios para enterarse de los pases. Era la ilusión en su máxima expresión. Algo similar ocurría con las recordadas tapas de El Gráfico, donde llegó a posar el "Bocha" con la camiseta "xeneize", o con escándalos desatados cuando una figura se marchaba, como pasó con Marangoni.

Sin ir demasiado lejos, lo mismo sucedió en otras instituciones: Newell´s lo vivió con el retorno de Diego al ámbito local, Racing disfrutó a Rubén Paz, Independiente protagonizó su propia historia de idilio e idolatría con Ricardo Bochini, San Lorenzo adoptó como propia la clase de Andrés D´Alessandro y Boca se regocija todavía con Juan Román Riquelme y además experimentó momentos de admiración con Carlos Tevez, Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo, entre otros.

Las gradas estallaron para darle el último adiós a Francescoli, el "Titán", el "Beto" Acosta en sus despedidas...

Pero hoy la historia es completamente diferente: con un período veraniego que permitió solamente dos compras y sin alguna que haya "roto el molde", la noticia del semestre parece haber sido la llegada novelesca de Ricardo Caruso Lombardi al "Ciclón", un entrenador famoso por su capacidad para sacar del apremio a varios equipos necesitados pero sin tantos pergaminos históricos para arribar al banco de un conjunto denominado grande.

Claro que el "gusto" a Carlos Abdo y compañía no les salió barato: los "cuervos" tuvieron que poner arriba de la mesa $ 1.500.000 para la adquisición de un entrenador, un hecho prácticamente inédito para nosotros. Algo cambió.
¿Cuánto costarían las "fichas" de Labruna, Menotti, Bilardo, Bielsa, Martino, Zubeldía, Griguol, Pedernera, Bianchi y Ramón Díaz en sus mejores momentos entonces? Y ni hablar si nos referimos a Guardiola o Mou, que saldrían más caros que los propios clubes. Siempre hablando, obviamente, con esta moderna era criolla.

Más allá de esto, el Mundo del Fútbol volvió a dejar al descubierto todas sus falencias dialécticas que jamás se cumplen con los hechos. Un abatido San Lorenzo en Promoción acudió a un hombre que estaba en pleno ejercicio de sus tareas en otro conjunto expectante en Promoción, con serias chances de cumplir el objetivo de ascender a la Primera División. ¿Acaso alguien pensó en los hinchas y en los jugadores de Quilmes y todos sus esfuerzos?

Pero esto no se trata de un ensañamiento con la entidad "azulgrana" porque son cuestiones que se suceden con insistencia y que desenmascaran a los personajes de cada día. Cada uno piensa en lo suyo y poco se utiliza el sentido común y el respeto a la hora de actuar. Los dirigentes hacen todo lo posible para el beneficio de su Club y si pueden "pisarle" la cabeza al colega, lo hacen, sin importar los medios ni consecuencias.

Mientras los directivos buscan sacar ventajas en los escritorios de diversas formas (exigir o hacerle la cruz a un árbitro para un encuentro), los jugadores también demuestran estar en falta por la solidaridad que se ve en los discursos pero nulas ocasiones en las acciones. En Agremiados son hermanos que pelean por el bien común, pero en los campos se matan a patadas malintencionadas.

Así estamos: con un ambiente desvirtuado, donde reina la intolerancia, la carencia de ética y la "viveza" mal entendida, como la Crespi al contratar a Silva y enervar a la gente de Vélez. Se pudo haber callado. Pocos se dan cuenta el daño que le causan a este hermoso deporte llamado fútbol, pero mientras sirva para "salir del paso" se sigue adelante.

Pero vivimos al revés y mientras los propios fanáticos "millonarios" se arrodillan para agradecerle a Cavenaghi y al "Chori" los enormes gestos de haber vuelto en el peor escenario (e imploran que Saviola haga lo mismo en junio), preferimos mirar para otro lado y comenzar a planear los "partidos despedida" de los Caruso Lombardi, Basile, Falcioni, Zielinski...
 
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