jbismarck
Idolo
Diego Vel…zquez: el maestro....
Sin apartarse de dos de los m s caracter¡sticos elementos barrocos, como el tenebrismo (Cristo Crucificado), y del realismo (Las Meninas), parece como si Velazquez huyera de su propia generacion, poco aficionado a las figuras m¡sticas y mitologicas de sus colegas contempor neos, as¡ como a no perfilar figuras humanas perfectas, sino "escenas" perfectas, pero usando para ellos t‚cnicas innovadoras en la experimentacion como magistrales en la ejecucion, creando entramados de perspectiva hasta entonces nunca conseguidos por ningún otro genio de la pintura (ni incluso por el mismo Da Vinci). Parece como si Velazquez "jugara" con su propia obra. Son famosos sus "arrepentimientos", considerados por todos los cr¡ticos como las maneras nunca satisfechas en acabar la posicion de muchas de sus figuras (p.ej.- la pata del caballo del Pr¡ncipe Baltasar Carlos a Caballo, etc.). Sin embargo, pocos estudiosos han podico ver en los arrepentimientos, como parte del efecto de un dinamismo pictorico que crea Velazquez en sus escenas (postura espatarrada de "Pablo de Valladolid, etc..), como un anticipador de las corrientes m s hiperrealistas, creando la sensacion del "perpetuo motor inmovil" (sensacion permanente de un movimiento-est tico). Estos efectos muy pocas veces han sido debatidos.Otro elemento fundamental,es su magistral "perspectivismo", anticip ndose, en m s de tres siglos, sobre una profunda revision ontologico-filosofica sobre el mismo, de la ‚poca de pensadores como Gustav Teichmller o m s tarde, del mismo Ortega y Gasset. De modo que Velazquez se limita a pintar la realidad desde distintos puntos de vista para una misma obra (Las Meninas, Venus del Espejo, Cristo en casa de Marta y Mar¡a, etc..), logrando con ello los modelos m s extraordinarios y veros¡miles, pero sin rozar nunca lo fant stico.
Respecto a los contenidos, existe una extensa variedad, desde los m s tradicionales y populares (Las Hilanderas) hasta los m s m¡ticos (Los Borrachos), pero, en ‚ste último caso, como ya se comento, haciendo de los personajes et‚reos, personajes mundanos y profanos. Muchas de estas obras, tambi‚n parecen haber tenido influencia en pintores posteriores, como en las del genial Goya (sus caprichos y escenas cotidianas nos lo recuerda). Sin olvidar sus magn¡ficos, retratos, bodegones, paisajes, o figuras religiosas, sin alcanzar nunca el m s ortodoxso tenebrismo, sino sencillas formas entre lo humano y divino (Cristo Crucificado, La Coronacion de la Virgen, etc.), llenas de una indescriptible sensacion de paz y misericordia que trasciende m s all de la belleza.
Sin apartarse de dos de los m s caracter¡sticos elementos barrocos, como el tenebrismo (Cristo Crucificado), y del realismo (Las Meninas), parece como si Velazquez huyera de su propia generacion, poco aficionado a las figuras m¡sticas y mitologicas de sus colegas contempor neos, as¡ como a no perfilar figuras humanas perfectas, sino "escenas" perfectas, pero usando para ellos t‚cnicas innovadoras en la experimentacion como magistrales en la ejecucion, creando entramados de perspectiva hasta entonces nunca conseguidos por ningún otro genio de la pintura (ni incluso por el mismo Da Vinci). Parece como si Velazquez "jugara" con su propia obra. Son famosos sus "arrepentimientos", considerados por todos los cr¡ticos como las maneras nunca satisfechas en acabar la posicion de muchas de sus figuras (p.ej.- la pata del caballo del Pr¡ncipe Baltasar Carlos a Caballo, etc.). Sin embargo, pocos estudiosos han podico ver en los arrepentimientos, como parte del efecto de un dinamismo pictorico que crea Velazquez en sus escenas (postura espatarrada de "Pablo de Valladolid, etc..), como un anticipador de las corrientes m s hiperrealistas, creando la sensacion del "perpetuo motor inmovil" (sensacion permanente de un movimiento-est tico). Estos efectos muy pocas veces han sido debatidos.Otro elemento fundamental,es su magistral "perspectivismo", anticip ndose, en m s de tres siglos, sobre una profunda revision ontologico-filosofica sobre el mismo, de la ‚poca de pensadores como Gustav Teichmller o m s tarde, del mismo Ortega y Gasset. De modo que Velazquez se limita a pintar la realidad desde distintos puntos de vista para una misma obra (Las Meninas, Venus del Espejo, Cristo en casa de Marta y Mar¡a, etc..), logrando con ello los modelos m s extraordinarios y veros¡miles, pero sin rozar nunca lo fant stico.
Respecto a los contenidos, existe una extensa variedad, desde los m s tradicionales y populares (Las Hilanderas) hasta los m s m¡ticos (Los Borrachos), pero, en ‚ste último caso, como ya se comento, haciendo de los personajes et‚reos, personajes mundanos y profanos. Muchas de estas obras, tambi‚n parecen haber tenido influencia en pintores posteriores, como en las del genial Goya (sus caprichos y escenas cotidianas nos lo recuerda). Sin olvidar sus magn¡ficos, retratos, bodegones, paisajes, o figuras religiosas, sin alcanzar nunca el m s ortodoxso tenebrismo, sino sencillas formas entre lo humano y divino (Cristo Crucificado, La Coronacion de la Virgen, etc.), llenas de una indescriptible sensacion de paz y misericordia que trasciende m s all de la belleza.