DETUVIERON A AGENTE DE LA SIDE DE LA DICTADURA

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FUE IDENTIFICADO Y DETENIDO UN AGENTE DE INTELIGENCIA DEL EJERCITO DURANTE LA ULTIMA DICTADURA

De las sombras del 601 al penal de Marcos Paz

Julio Cirino se presentaba como analista internacional en conferencias y programas de radio y TV. Durante la dictadura fue jefe de un grupo de tareas del 601. Aparece con el alias de Jorge Contreras en un documento desclasificado en Estados Unidos.


Por Diego Mart¡nez

Julio Alberto Cirino fue jefe de un grupo de tareas del Batallon de Inteligencia 601 y, según sus palabras, conocio al menos tres centros clandestinos. En 1979 se explayo en la embajada de los Estados Unidos sobre los engranajes del terrorismo de Estado. Aseguro que los desaparecidos nunca iban a aparecer y admitio que hab¡an matado a personas sin ningún v¡nculo con organizaciones armadas solo ante el riesgo de que pudieran reconocerlos. En los '90, la SIDE lo envio a la embajada argentina en Washington y, en los últimos años, como periodista, historiador, analista internacional, docente y dem s pergaminos, se explayo sobre el retorno de los "populismos revolucionarios", la seguridad hemisf‚rica y el terrorismo, especialidad que nadie podr  negarle. Sus audiencias fueron desde el programa de la apologista del genocidio Malú Kikuchi hasta miembros del Comando Sur de los Estados Unidos y la Junta Interamericana de Defensa. Pero se le terminaron las ganas de hablar. Fue detenido y se nego a declarar.

A partir de una denuncia de la Secretar¡a de Derechos Humanos de la Nacion y por orden del juez federal Ariel Lijo, el Gordo Cirino fue arrestado por personal de la Polic¡a Federal. Ayer pasó su primera noche en el penal de Marcos Paz. Ser  patrocinado por otra celebridad: el ex juez Alfredo Bisordi.

Los datos m s fehacientes sobre el pasado de Cirino datan del 7 de agosto de 1979 y surgen de un largo di logo que, con el nombre de cobertura Jorge Contreras, mantuvo con el consejero pol¡tico William Hallman y el oficial de seguridad James Blystone en la embajada norteamericana. El memo de la conversacion, incluido entre los documentos desclasificados del Departamento de Estado, se titula "Tuercas y tornillos de la represion a la subversion" y brinda detalles pormenorizados sobre el terrorismo de Estado.

El falso Contreras se presenta como director del Grupo de Tareas 7 de la Central de Reunion del Batallon de Inteligencia 601. Advierte que si otros servicios se enteran del di logo lo acusar n "de traicion por cooperar con una potencia extranjera". Se muestra "ansioso" de obtener el visto bueno de la embajada aunque asegura haber sido autorizado por el jefe del 601, coronel Alberto Tepedino, y el de la Central de Reunion, coronel Jorge Arias Duval (hoy, ambos con arresto domiciliario). Cuenta que el GT7 se dedica a recopilar y analizar informacion sobre "estudiantes, grupos pol¡ticos y cuerpos religiosos" y que antes encabezaba una subseccion dedicada a estudiar a "chinos y rusos" en la que lo reemplazo su propia esposa, Mar¡a Cristina Rinaldi, cuya captura tambi‚n pidio la Secretar¡a de Derechos Humanos.

Cirino les advierte que el aparato represivo es "un entramado complicado", con entes secretos superpuestos, y que se explayar  en base a la "sensibilidad adquirida" en tan noble tarea. Calcula que el 80 por ciento de los centros clandestinos hab¡a dejado de funcionar y anticipa que la Comision Interamericana de Derechos Humanos, que un mes despu‚s visitaba el pa¡s para verificar denuncias, "no va a encontrar paredes vac¡as y espacios no utilizados" porque hab¡an sido "remodelados" para no ser reconocidos. As¡ fue.

El falso Contreras informa que las "desapariciones" (comillas de los norteamericanos) "bajaron bruscamente durante 1978". Admite que existen operaciones "por ultraizquierda", "sin permiso o conocimiento superior", y grafica: "si se secuestra a la persona buscada, se publicita; si traen a un ama de casa o a la t¡a de alguien, se niega". Consultado sobre la cueva de calle Paseo Colon, denunciada por exiliados, Cirino sonr¡e, admite que es correcto (all¡ funciono el Club Atl‚tico, cuyas patotas y secuestrados hab¡an sido trasladados a El Olimpo) y que conoce otros dos centros de detencion.

En 1976 y 1977, explica, las personas que demostraban no tener v¡nculos con "la subversion" tambi‚n eran asesinadas, ya que liberarlos implicaba que pudieran reconocer a interrogadores y lugares de cautiverio. Algunos comandantes estaban dispuestos a arriesgar sus operaciones, otros cre¡an "que el proceso era m s importante que cualquier individuo y que inclusive los inocentes deben ser sacrificados a fin de evitar que el sistema peligre".

El represor, dice el documento, "insinuo que los prisioneros eran ejecutados si hab¡an causado alguna muerte o hab¡an puesto vidas en peligro", y que aun "si acced¡an a cooperar eran asesinados". Otros eran blanqueados y a otros, con los que admit¡a tener contacto, les permit¡an "trabajar desde sus casas".

-¿Cu nto puede durar el proceso? -le preguntaron los norteamericanos.

-Es como si me pregunta qu‚ tan largo es un pedazo de hilo. Es imposible saberlo. Lo único que puedo decirles es que quienes desaparecieron temprano no van a aparecer.

Durante ese di logo, ni siquiera se privo de criticar a sus colegas. Considero que la "competencia" entre patotas derivaba en "acciones r pidas" que luego se confirmaban equivocadas. Pero cada comandante "siente que tiene y debe continuar teniendo el derecho a operar como le plazca", dijo. A excepcion de la Armada, confeso, las dem s fuerzas no env¡an a sus mejores cuadros a la Central de Reunion, creada para intercambiar figuritas. Los jefes de zonas militares tampoco respetan las jurisdicciones ajenas, lamento.

Según el titular de la Secretar¡a de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, Cirino fue un "enlace" entre el 601 y la Embajada de Estados Unidos y actuo como agente civil del batallon entre 1977 y 1985. "Tuvo un rol clave en tareas de contrainsurgencia en Centroam‚rica", agrego. Fuentes cercanas a la investigacion apuntaron que se formo en grupos catolicos ligados al cura antisemita Julio Meinvielle y que en 1974 llego al Estado de la mano del fascista Alberto Ottalagano. En 1976 escribio Argentina frente a la guerra marxista, en editorial Rioplatense. Cirino es uno de los cientos de represores que gracias a la clandestinidad del terrorismo de Estado permanecen impunes (en su caso, hasta ayer), aunque sus trayectorias posteriores aportan indicios útiles para inferir sus oficios en tiempos de trabajos sucios. La division Seguridad de Estado de la Polic¡a Federal lo detuvo ayer por la mañana, por orden del juez Lijo, que investiga el rol del Batallon 601 en 1979 y 1980. Esta historia reci‚n comienza




COMO A LOS NAZIS
LES VA A PASAR
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