Sebasg
Suplente
Carta de Carlos Bianchi: Te vamos a extrañar !
BUENOS AIRES -- Estimado y respetado Pedro.
Este es uno de esos d¡as de mierda en los cuales nos damos cuenta de que todo es secundario y de que la vida sigue siendo lo m s importante junto a la familia.
Hace un año sufr¡ la p‚rdida de uno de mis mejores amigos, adem s de cuñado, y sent¡ esta misma sensacion. Y entre estos dos momentos siempre me dije que a una cierta edad tenemos que tener bien en claro las prioridades.
Nos decimos que los problemas, por peores que sean, tienen que tomar una importancia justa y no deber¡amos dejarlos crecer hasta que nos dejen un gusto amargo en la boca. Debemos tener muy presente que estamos de paso y tenemos que dejarnos de joder con cosas sin importancia, sobre todo cuando los dem s tratan de hacernos creer que lo que ocurre es grave, tratando de ensuciarnos la vida.
Cuando llegu‚ a Boca en el '98 me mostrabas orgulloso Casa Amarilla, como si fuera el lugar ideal para trabajar con un equipo. Y yo, viendo tu entusiasmo, te dije que el plantel de Boca iba a entrenar todos los d¡as all¡, en La Bombonera, algo que en el pasado jam s se hab¡a hecho.
Me miraste y me dijiste incr‚dulo: "¿En serio? A los entrenadores anteriores no les gusta entrenar ac porque, cuando la situacion no viene bien, el ambiente se pone dif¡cil, y entonces quieren irse lo m s lejos posible". Afortunadamente, en el d¡a de hoy, diez años m s tarde, se siguen entrenando en tu segunda casa.
Pedro, vos y yo sabemos todo lo que conversamos en diciembre, durante seis horas, en mi casa. Te escuch‚. Ten¡as una cantidad inmensa de proyectos, en los cuales me quer¡as incluir. Pero yo no me sent¡a preparado para darle prioridad a tus sueños. Te pido disculpas. Hoy, diez meses m s tarde, te nos vas dejando un espacio vac¡o tan grande.
Siempre fuiste clave en tu rol de componedor, de conciliador: nunca renunciabas a encontrarle una solucion a los problemas, cuando el resto de la gente cre¡a que no la hab¡a.
En mi vida futbol¡stica y civil trat‚ con muchas personas, pero rara vez encontr‚ interlocutores con tu calma, tu sentido de la ubicacion, tu respeto hacia el projimo.
Tanto en la primera como en la segunda de mis idas de Boca, no cesaste de decirme que me ten¡a que quedar a vivir en el club. Me dec¡as: "Vos ten‚s que firmar un contrato de por vida" o "ac lo ten‚s todo...". Y yo, en el fondo, me dec¡a que ten¡as razon, aunque muchas veces hay que tomar decisiones contrarias a lo que uno piensa, porque ante todo es necesario estar tranquilo con uno mismo.
Catolico como soy, mi FE me hace pensar que ya deb‚s estar en un mundo mejor. Quedar s siempre en la memoria y en el corazon de los que te conocimos. Te extrañaremos m s de lo que vos mismo te podr¡as llegar a imaginar.
La Casa Amarilla se tendr¡a que rebautizar con tu nombre. Ser¡a un digno homenaje para alguien que le dedico mucho tiempo de su vida a ese sentimiento llamado Boca.
Mis respetos a tu esposa e hijos, que siempre estuvieron a tu lado, apoy ndote en todo.
Disculpame otra vez. Estoy empezando a flaquear.
Vos no merec¡as irte.
Siempre estar s en mi recuerdo.
BUENOS AIRES -- Estimado y respetado Pedro.
Este es uno de esos d¡as de mierda en los cuales nos damos cuenta de que todo es secundario y de que la vida sigue siendo lo m s importante junto a la familia.
Hace un año sufr¡ la p‚rdida de uno de mis mejores amigos, adem s de cuñado, y sent¡ esta misma sensacion. Y entre estos dos momentos siempre me dije que a una cierta edad tenemos que tener bien en claro las prioridades.
Nos decimos que los problemas, por peores que sean, tienen que tomar una importancia justa y no deber¡amos dejarlos crecer hasta que nos dejen un gusto amargo en la boca. Debemos tener muy presente que estamos de paso y tenemos que dejarnos de joder con cosas sin importancia, sobre todo cuando los dem s tratan de hacernos creer que lo que ocurre es grave, tratando de ensuciarnos la vida.
Cuando llegu‚ a Boca en el '98 me mostrabas orgulloso Casa Amarilla, como si fuera el lugar ideal para trabajar con un equipo. Y yo, viendo tu entusiasmo, te dije que el plantel de Boca iba a entrenar todos los d¡as all¡, en La Bombonera, algo que en el pasado jam s se hab¡a hecho.
Me miraste y me dijiste incr‚dulo: "¿En serio? A los entrenadores anteriores no les gusta entrenar ac porque, cuando la situacion no viene bien, el ambiente se pone dif¡cil, y entonces quieren irse lo m s lejos posible". Afortunadamente, en el d¡a de hoy, diez años m s tarde, se siguen entrenando en tu segunda casa.
Pedro, vos y yo sabemos todo lo que conversamos en diciembre, durante seis horas, en mi casa. Te escuch‚. Ten¡as una cantidad inmensa de proyectos, en los cuales me quer¡as incluir. Pero yo no me sent¡a preparado para darle prioridad a tus sueños. Te pido disculpas. Hoy, diez meses m s tarde, te nos vas dejando un espacio vac¡o tan grande.
Siempre fuiste clave en tu rol de componedor, de conciliador: nunca renunciabas a encontrarle una solucion a los problemas, cuando el resto de la gente cre¡a que no la hab¡a.
En mi vida futbol¡stica y civil trat‚ con muchas personas, pero rara vez encontr‚ interlocutores con tu calma, tu sentido de la ubicacion, tu respeto hacia el projimo.
Tanto en la primera como en la segunda de mis idas de Boca, no cesaste de decirme que me ten¡a que quedar a vivir en el club. Me dec¡as: "Vos ten‚s que firmar un contrato de por vida" o "ac lo ten‚s todo...". Y yo, en el fondo, me dec¡a que ten¡as razon, aunque muchas veces hay que tomar decisiones contrarias a lo que uno piensa, porque ante todo es necesario estar tranquilo con uno mismo.
Catolico como soy, mi FE me hace pensar que ya deb‚s estar en un mundo mejor. Quedar s siempre en la memoria y en el corazon de los que te conocimos. Te extrañaremos m s de lo que vos mismo te podr¡as llegar a imaginar.
La Casa Amarilla se tendr¡a que rebautizar con tu nombre. Ser¡a un digno homenaje para alguien que le dedico mucho tiempo de su vida a ese sentimiento llamado Boca.
Mis respetos a tu esposa e hijos, que siempre estuvieron a tu lado, apoy ndote en todo.
Disculpame otra vez. Estoy empezando a flaquear.
Vos no merec¡as irte.
Siempre estar s en mi recuerdo.