Oficial Anécdotas de cancha 80's 90's y más

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Andolucas

Juvenil
por que no cuentan en este foro cuando cacho ciudadela le quizo hacer un mano mano a el abuelo y este miraba para otro lado siempre fue una mentira el abuelo se la bancaban los gigantes q estaban a su lado si hablamos hablemos la verdad no siempre q la barra de boca eran superman
 

chick

Juvenil
Yo estaba el día que le rompieron el telon y fui uno de los que me colgué para romperlo. Los de Central estaban como locos se venían de la popular y los de la 12 empezaron con el cántico "ole le ole lala si tiran la bandera la tienen que aguantar" pensé que que nos mataban a todos en la platea. Ese día el partido terminó 3 a 0 dirigía el bambino y la hinchada de Central empezó a tirar piedras y se suspendió antes que termine por eso afuera era un caos.
Saludos
 
contala amigo, la historia de cacho ciudadela...
lo respetamos como barra...
pero siempre los cagamos a trompadas..
se plantaron un par de veces , mi respeto a cacho y al gordo dardo que me emboco mal un dia a la salida , despues del quilombo , tras la suspension del match, por la bomba al mono, y los palazos mal, balas de goma y gases que nos comimos en la puerta y nunca vi algo asi.
 
ese dia , casi soy carton,
despues del quilombo quedé del lado d eracing y me hice el boludo, y empece a caminar para mitre con dos pares mas, yo d eremera verde, escucho el d everde es bostero.. y sigo sin darle bolas, en eso me como una mano en el oido
y la pared no me dejo caer, me paro d efrente y eran todos d eracing y era el gordo dardo que me habia pegado, lo conoci despues por fotos, y le estoy agradecido de por vida a otro chabon que paro a uno con navaja en mano y decia matalo, vamos a vengar souto...la salvacion fue la caballeria que aparecio y nos saca cagando a todos, llego ala plaza doblo y vuelvo y el chabon me vuelve adecir, de nuevo vos , tenes ganas de que te maten...cruzo la calle y me subi a un 148, linda historia...
 

PACHO

Titular
contala amigo, la historia de cacho ciudadela...
lo respetamos como barra...
pero siempre los cagamos a trompadas..
se plantaron un par de veces , mi respeto a cacho y al gordo dardo que me emboco mal un dia a la salida , despues del quilombo , tras la suspension del match, por la bomba al mono, y los palazos mal, balas de goma y gases que nos comimos en la puerta y nunca vi algo asi.
Esto ya lo habia leido, pero no de vos Carlos, sino de otro forista viejo. Cambiaste de nombre? el gordo dardo le pego a vos y al otro forista,ja... No recuedo quien conto la historia de ese dia....
Saludos
 
Pachorra fui yo y la conté antes también ..
Fue inolvidable porque era guacho tenía 19 años y me sirvió como experiencia y de saber quien te deja tirado.. Dos chabibes q estaba n conmigo me dejaron tirado.

Fui de la barra de José del 89 hasta el 2000
Abrazo...
 
Ahora no voy más .. Volví el año pasado.. Viaje al mundial pero decidí darle tiempo a la familia y ya no es como antes. Los tiempos cambiaron .las personas cambiaron..
No me hago más mala sangre..
 
Ah mirá vos, sí la verdad que no es lo mismo a como era antes.

Ya no hay esos códigos de antes, ni en la cancha ni en la calle

El no poder ir de visitante también hace que sea muy distinto a antes..

disfrutar un viaje y demás
 

DUSKY

Suplente
ese dia , casi soy carton,
despues del quilombo quedé del lado d eracing y me hice el boludo, y empece a caminar para mitre con dos pares mas, yo d eremera verde, escucho el d everde es bostero.. y sigo sin darle bolas, en eso me como una mano en el oido
y la pared no me dejo caer, me paro d efrente y eran todos d eracing y era el gordo dardo que me habia pegado, lo conoci despues por fotos, y le estoy agradecido de por vida a otro chabon que paro a uno con navaja en mano y decia matalo, vamos a vengar souto...la salvacion fue la caballeria que aparecio y nos saca cagando a todos, llego ala plaza doblo y vuelvo y el chabon me vuelve adecir, de nuevo vos , tenes ganas de que te maten...cruzo la calle y me subi a un 148, linda historia...
Terrible relato, me puse 2 segundos en tu lugar y se me puso la piel de pollo..
Saludos
 

NO MIENTO

Juvenil
Ese dia fue que central roba de la platea una bandera que decia diego a maradona,desde cebollitas...no me acuerdo mas,la colgaban en la platea media,donde hoy esta la del garrahan
 
recuerdo algo paresido jugamos con estudiantes en la boca ,, al regresar venian los de estudiantes adelante y nosotros atras y en avellaneda nos apedriaron los de racin
 

siberiano

Juvenil
El Cabezón era un tipo duro de Parque Casas; boxeador, guardaespaldas, ladrón, perverso y cocainómano. Mató a su mejor amigo y lo mató su novia. Protagonista de fugas y peleas, fue el Capo de la barrabrava de Central parte de los ‘80 y los ‘90. El día que la policía fue a buscar su cadáver a la casa en la que vivía junto con su asesina, los uniformados se toparon con un documento que dejó al descubierto la corrupción en la que estaba inmersa el club de Arroyito.



Los menchos de Parque Casas


Se llamaba Sergio Enriotti, pero todos lo conocieron como El Cabezón. Fue el líder de un grupo de muchachos de barrio Casiano Casas que ostentaban prontuarios sobresalientes. Entre sus filas caminaron ladrones y narcos de la ciudad que por ese entonces estaban haciendo sus primeras experiencias delictivas. “Un par eran albañiles, pero la mayoría eran delincuentes; todos boxeadores y si te metías con uno te la daban entre todos”, contó a Rosarioplus.com un muchacho que los conoció de cerca. Sergio era el más pesado de todos, un tipo complicado al que le temían hasta sus allegados más íntimos.

La banda de Casiano Casas, con Enriotti a la cabeza, empezó a ir a la popular del Gigante entre el ‘83 y el ‘84. Antes de eso, el Cabezón y sus muchachos solían ir a ver a Argentino de Rosario. Una noche tuvieron una pelea en el bufet del club salaito con los muchachos de Gustavo Chueco Digiacomo; si bien pintaba feo el panorama, la disputa no pasó a mayores; después de un par de piñas los grupos se calmaron y el Chueco, que hacía rato era de la banda de Central, los terminó invitando a ir con él a la cancha.

“Somos los menchos de Parque Casas/

El que no es chorro, es criminal/

El más cobarde mató a su madre,/

Y el más valiente, pá que le vamo'hablar”

El Cabezón no tardó en hacerse conocido en los paraavalanchas del Gigante y de algunos de los capos del momento, entre ellos Vitamina Barberis, que lo adoptaron entre sus filas.

“Sergio era muy bravo. Mataba por encargo; en general lo hacía en otras provincias. El cliente marcaba a la víctima, iba, se la daba y desaparecía un tiempo. En Rosario trabajaba de guardaespaldas de un vicegobernador, uno que después estuvo preso por un tema con juguetes”, contó un vecino del barrio del Cabezón.
Los cabezones

El mejor amigo del Cabezón Sergio era, casualmente, un habitué de la tribuna de Newell´s Old Boys, El Cabezón Nelson, de Villa Churrasco. Se conocían desde muy pibes; cada uno comandaba su grupo de muchachos, pero entre ellos no había broncas. Sí era bastante común que se agarraran a las piñas, “pero siempre eran cosas de limados; al rato se amigaban”, explicó alguien que los conoció de cerca.

Los cabezones patearon juntos las calles de Rosario; compartieron las primeras experiencias delictivas y, a fuerza de golpes, se convirtieron en hombres de respeto.

Pero en una de las tantas noches de excesos, con los colores de las camisetas como excusa, Sergio y Nelson vivieron su última anécdota.

Fue un domingo de 1985, después de un clásico que ganó Central. Los dos capos de la zona noroeste fueron a jugar un pool a Taorina, un bar que estaba en Sorrento y bulevar Rondeau, junto con otros amigos. Sergio venía con el ego cargado por el triunfo y Nelson tenía mucha bronca encima; los dos estaban muy locos. Excusas no faltaron. “Estaban los dos muy puestos y borrachos. Sergio lo empezó a verduguear y terminaron a las piñas”. Al parecer Nelson le pegó bastante a su amigo, que medio noqueado, sacado por toda la locura que se había metido por la nariz, desconoció a su amigo y sacó un arma. Varios de los muchachos que estaban con ellos le pidieron que pare, pero Enriotti estaba fuera de sí y le disparó. “El Sergio no lo quería matar, le tiró a las patas, pero le pegó en la arteria femoral y Nelson se terminó desangrando en la vereda del boliche”, contó un testigo de la pelea.

Cárcel y Fuga

El Cabezón Enriotti cayó en cana por la muerte de su amigo y fue a parar al penal de la Alcaidía. El homicidio de su amigo lo había dejado bastante loco, y el médico de la cárcel ordenó que lo empiece a atender un psiquiatra; pero, como en el penal no había ninguno, al Cabezón lo llevaban una vez por semana a un consultorio particular. “Vitamina (Barberis) se enteró de que lo sacaban de la cárcel para que lo atiendan de la cabeza y arrancó a hacer inteligencia, para conocer todos los movimientos que hacían en el traslado y encontrar la forma de sacarlo”, explicó un allegado a Barberis. A Sergio lo trasladaban en un auto 3 policías. Paraban frente a la oficina del psiquiatra, bajaba el trío de uniformados, con el Cabezón en el medio; uno entraba al consultorio con él y otros dos hacían guardia en la puerta.

Vitamina, que por ese entonces tenía buena onda con el Cabezón, se puso a la cabeza del operativo. Sabían donde estacionar, cuando atacar y por donde rajar.

Habían pasado tres meses del homicidio de Nelson. Barberis y una pareja fueron en su Fiat 147 verde hasta la zona del consultorio. Pararon en frente y esperaron el momento adecuado. Es muy posible que vieran llegar el móvil y bajar a los tres policías, con el Cabezón esposado entre ellos; tal vez Enriotti los pudo ver de reojo mientras los policías le marcaban el paso hasta la entrada del consultorio. El comando de Vitamina dejó que pase un tiempo prudencial antes de salir del Fiat. Caminaron juntos por la vereda, charlando tranquilos y se pararon frente a los dos custodios. Ella les habló en forma amable a los muchachos de azul. Es muy probable que Vitamina y su otro acompañante aprovecharan el momento para reducir a los milicos, apoyándoles en la espalda el caño frío de las pistolas. Después, sólo tuvieron que esperar que el Cabezón y su carcelero salieran de la consulta. Eran 3 y tenían dos rehenes; el intercambio de prisioneros fue una transacción muy simple.

Con el Cabezón Sergio sentado en el asiento de atrás, el grupo que comandaba Vitamina se escapó en el 147 hasta Funes; ahí bajó Enriotti y sus salvadores se fueron. El fugitivo quedó a cargo de otro cómplice, que lo trasladó a Camilo Aldao y de ahí a una localidad de la provincia de Buenos Aires.

Contra San Martín de Tucumán

Según cuentan los que lo conocieron, en la clandestinidad El Cabezón empezó una nueva etapa de su vida; mucho más extrema que la anterior; ya que había quedado muy loco. Tuvo que dejar de ir al Gigante porque la Policía lo tenía marcado; pero siguió yendo a los partidos de visitante. Según un viejo barra canalla, uno de los momentos de furia más recordados de Enriotti ocurrió durante un viaje a Tucumán. El Cabezón no se podía subir al colectivo en Rosario, así que viajaba hasta la primera parada de la comitiva canalla y ahí se sumaba a sus compañeros de tribuna. Aquel día, subió al bondi muy sacado y, con un arma en la mano, hizo que los pasajeros corearan su nombre: “Borombombón, borombombón, esta es la banda del Cabezón” gritaron todos con una mezcla de bronca y miedo.

Ni bien llegó, hizo que una de las chicas que viajaba en otro de los colectivos, que era streeper, subiera a su micro. La bailarina era muy popular entre la muchachada; ellos le cantaban “negrito cuando yo bailo, y bailo de noche y día, a todos los vuelvo locos con la azul y amarilla” y la chica mostraba los pechos. Pero el Cabezón, que ya la tenía junada de antes, quiso que la chica baile sólo para él. Y todo estalló.

“No se bien que fue lo que pasó, pero Sergio le terminó poniendo una piña y tirándole uno de los pocos dientes que tenía la pobre piba”, explicó uno de los testigos. Dos muchachos se levantaron de sus asientos e intercedieron por la chica; el Cabezón reaccionó y sacó su revolver. Uno de sus contrincantes corrió despavorido y se escondió en el baño del micro. Sergio corrió atrás de él, zamarreó un poco el picaporte y, al no poder abrir, le metió 3 tiros. La cerradura se rompió, pero cuando Enriotti abrió la puerta su rival ya no estaba, se había tirado por la ventanilla. Enfurecido, el pistolero volvió sobre sus pasos y le apuntó a otro de los muchachos que le había hecho frente. Cuando el capo canalla le estaba por disparar, se levantó otro de pasajeros: “Si vos le das un tiro a mi amigo, me tirás a mi”. Enriotti no dudó y le gatilló un plomo al tercer contrincante; después ordenó que pare el colectivo, tiró al baleado a la ruta y le hizo un gesto al chofer para que arranque de nuevo. No conforme con lo que ya había hecho, en el estadio tucumano mandó a apuñalar a un compañero de paraavalanchas.

“Era muy violento, por ahí agarraba a uno de los pibes que lo acompañaba, le ponía una bolsa de merca al lado y lo obligaba a tomar, poniéndole un arma en la cabeza”, explicó a Rosarioplus.com un muchacho que lo conoció de cerca.

Con Vitamina Barberis terminaron peleados; incluso se tirotearon en más de una ocasión. Una vez, yendo al ex Chateau Carreras (estadio mundialista de Córdoba) Vitamina lo encaró en medio de la ruta y le dijo “Sergio, la verdad me tenés hinchado los huevos”, desenfundó un revolver 22 y disparó un par de balas en dirección a donde estaba el Cabezón. Sergio ni se inmutó, sabía que Vitamina no era un gran tirador y si lo hacía, no apuntaba a matar. “Se le cagó de la risa. Cuando termino de disparar el Vita, sacó él una 9 mm y le apuntó a la cabeza, pero se le trabó el arma”, relató un testigo.

El último amor

El Cabezón, con la ley encima y todo, se las arregló para hacer carrera en la tribuna del Gigante. Cayó preso muchas veces más y se fugó otras tantas. Era un especialista de los negocios turbios, el choreo y los aprietes. “El Sergio fue empeorando. Con cada año se ponía más loco; entongado con la Comisión Directiva de Central, siempre arreglaba todo con el escribano (Víctor Vesco). También manejaba putas, les hacía de cafisho. No se privaba de nada” le contó a Rosarioplus.com un muchacho que lo conoció de cerca.
Pero, con sus miserias y todo, Enriotti llegó a enamorarse; o por lo menos se encariñó con una chica. Graciela tenía 18 años, Sergio 37; salieron un tiempo y como la cosa venía en serio se mudaron juntos a finales de 1995. Vivían en una casa de planta alta, en la esquina noreste de Warnes y Baigorria, en Alberdi; un departamento lindo, luminoso, con grandes ventanas en cada uno de los ambientes y un balcón espacioso en el que se podía colgar la ropa y hacer un asado. En frente tenían la panadería “La Argentina”, que era atendida por dos inmigrantes italianos. De todas maneras, las cosas no anduvieron bien y duraron poco.

Sergio estaba más violento que nunca y Graciela la pasó muy mal. La golpeaba por cualquier cosa; cuando se enojaba mucho llegaba a darle culatazos en la cabeza con su Browning de nueve milímetros. Por ahí se enojaba, se iba de la casa y la dejaba encerrada por dos o tres días. Pero tal vez en esos momentos era cuando la chica mejor estaba.

Según contó un compañero de paraavalanchas, el Cabezón comía todo con mostaza, le encantaba y no tener un pote de “Savora” en la mesa podía hacerlo explotar de ira. “Una vez la piba le hizo panchos y se olvidó de comprarle el aderezo. El Sergio se puso tan loco que sacó el arma, se la puso en la cabeza y la obligó a desnudarse. Después la puso de cuatro patas arriba de la mesa y le dijo que si no se comía los 12 panchos la mataba”, contó el barra, quien agregó que Graciela cumplió con el pedido de su pareja, lo tuvo que hacer sin tomar una gota de agua. Cuando se terminó de tragar el último pedazo de pan, pálida y sudada por el esfuerzo y el miedo, se desplomó y cayó de la mesa al piso, desmayada.

En total, Sergio y su novia vivieron juntos nueve meses. Sus vecinos no llegaron a conocerlos; se enteraron de quienes eran “el día del quilombo”. Ellos no interactuaban con los demás. Llegaban y se iban de la casa en un Ford Sierra o en una moto importada que tenía Enriotti.

El miércoles 16 de octubre, luego de un nuevo episodio violento del Cabezón, Graciela se hartó. Explotó. Él había tomado unos calmantes y se había quedado dormido viendo la televisión. Babeaba. Ella agarró la Browning por el mango, el mismo que le había roto la cabeza tantas veces y se fue al encuentro de su novio. Tal vez se quedó mirándolo un momento, apretando los dientes, sudando frío por la bronca o el pánico que le corría por el cuerpo. Gatilló cuatro veces; dos plomos a la cabeza y dos plomos al pecho; para estar segura. Un rato más tarde, fue con su mamá y se entregó en la comisaría 13º, de San Nicolás al 2000.

Cuando los uniformados fueron a buscar el cadáver del Cabezón Enriotti encontraron en la casa un cheque de 500 pesos a nombre de Víctor José Vesco, Roberto Gastaldi y Roberto Muñoz, el presidente, vice y tesorero de Rosario Central de ese entonces. Luego se supo que de los 3 nombrados, sólo el escribano lo había firmado y que las otras dos firmas pertenecían a otros dos dirigentes: Juan Carlos De Felice y Oscar Mendoza.

Graciela fue condenada por el homicidio a dos años de prisión, por el juez Carlos Carbone.

Al momento de su muerte, el Cabezón tenía cinco pedidos de captura.


Fuente: El Cabezon Enriotti, un barra que ardio en su propia hoguera | RosarioPlus.com
 

siberiano

Juvenil
La historia que rodea a este mítico partido entre Boca y Chacarita debe dividirse en dos partes. La primera, la de los hechos tal cual sucedieron. Y la segunda, la de los por qué. Ambas, de terror.
Los hechos dejaron registrado que el 4 de noviembre de 1984, un Boca muy empobrecido futbolísticamente y lleno de problemas institucionales, llegó a San Martín necesitado de un triunfo urgente en medio de una seguidilla de derrotas que lo hundía en los últimos puestos de la tabla. Chaca no estaba para tirar manteca al techo. Venía un poco mejor, pero el promedio lo ponía en la cornisa domingo tras domingo. Así las cosas, a falta de ocho fechas para terminar el campeonato, la mano pintaba caldeada.
Marito Zanabria, técnico interino de Boca en esos momentos, echó mano a lo que había y mandó a la cancha a Walter Medina, Schinocca, Dos Santos, Flaco Fornés, Jorge Latorre, Tabita Valente, Sisca, Angarola, Rafael Herrera, el Tuta Torres y Vales.
Desde un rato antes que salieran los equipos, ya se habían registrado incidentes en las tribunas. Pero concretamente las 16.15 fue la hora señalada para el descontrol. Empezaron a volar piedras y el estado en general de la cancha hizo el caldo gordo para que ya no hubiera freno. Es que las baldosas de los pasillos que rodeaban las tribunas se levantaban solas. Así que hubo todo un autoservice de cascotes a disposición para tirarse durante un rato largo. Ya era tan incontrolable lo que volaba por el aire, que el comienzo del partido se demoró diez minutos. Se demoró básicamente para que pudieran sacarse las baldosas que caían sobre el pasto y más que nada, para que los jugadores pudieran mojarse los ojos y tratar de zafar en algo el efecto de los gases lacrimógenos que había tirado la bonaerense unos minutos antes.
El primer tiempo, pese a todo, se jugó. Fue muy pobre. Cero emoción y con todo el foco en lo que se vivía en las tribunas. Las cosa pareció calmarse pero el entretiempo trajo nuevas corridas y proyectiles.
Con el segundo tiempo en marcha, cerca de los 10 minutos, recrudecieron los combates. El juez Cardillo se despertó de la siesta y paró el partido durante nueve minutos. Fueron nueve minutos en los que por momentos se vivió un infierno hasta que en un momento pareció que la cosa se tranquilizaba. Y tan así fue que, finalmente, se reanudó el encuentro. Pero ya no habría tiempo de sutilezas y llegaria lo peor. Tras más ataques y algunos combates cuerpo a cuerpo, la policia empezó a reprimir a diestra y siniestra. Y de repente, lo impensado. Las dos hinchadas se juntaron para enfrentar a la policía que, desbordada por todos lados, empezó a tirar para todos lados con munición antidisturbios. Para no ser menos, las barras desenfundaron sus armas y empezó una balacera. Se escucharon cerca de 100 disparos. Parecía una pelicula pero no. Se pudo ver tres policias cayendo heridos de bala, gente rodando por los tablones y un caos total.
Cardillo se debe haber cagado en las patas, suspendió el partido a los 20 del segundo tiempo y se fueron corriendo todos al vestuario. El informe dijo “...partido suspendido por el mal comportamiento de algunos sectores de ambas hinchadas...”. Se quedó medio corto.
Pero el bailongo siguió en las calles. Ahí la policía se tomó revancha y el desbande fue tremendo. Como si todo esto fuera poco, hinchas de Boca sufrieron una emboscada en la estación de trenes de San Martín. Cartón lleno. El informe policial dejó ver 70 detenidos y cero previsión para algo que se olfateaba por San Martín. ¿Por qué?
Porque cuenta la leyenda, que la relación entre ambas hinchadas era bastante buena. De hecho, ese mismo mediodía la barra de Chacarita organizó un asado de camaradería (?) para recibir a la de Boca. Pero una interna en la hinchada funebrera hizo que la segunda línea de la barra soñara con tomar el poder esa misma tarde dando un golpe colosal: robar todas las banderas de Boca. Por eso luego del asado, y en camino tranqui hacia la cancha, la barra de Boca fue tomada por sorpresa. Tras perder algunos trapos, al Abuelo se le subió la tanada, y dio la orden (?) literal de romper toda la cancha. La 12 hizo su ingreso y se puso manos a la obra. En ese momento, la que se sorprendió fue la barra oficial del Funebrero que no entendía que había pasado desde el asado hasta ese momento. La confusión hizo que se armara un todos contra todos. Las dos facciones de Chacarita, La 12 y la policía. A los botes.
Tras algunos días, el tribunal dio la orden de continuar el partido el 28 de noviembre en cancha de Huracán y a puertas cerradas. Por fin una muestra de sentido común. Para jugar esos 25 minutos restantes, Boca repitió sólo a Flaco For´nés abajo y Sisca en el medio. Los demás fueron Balerio, Pasucci, Ávalos, Oveja Bordet, Krasouski, Dykstra, Stocco, Giachello y Turco Abdeneve. El resultado no se modificó y quedó finalmente 0-0. Pese a eso, el partido entró sin dudas en la historia negra del fútbol argentino.

Imborrable Boca: El Chacarita - Boca del Metropolitano 1984
 

Ixam

Reserva
Entro al foro después de mucho tiempo y me encontré que el pescado de mi amigo firmó una banda de comentarios con mi usuario, que el flaco, que Mauro... pido disculpas si ofendió a alguno, no le paso más la cuenta.

Ahora voy a comentar más seguido, ojalá se vuelva a poner como antes con Carlitos, Bostero de 30, Lugano... les mando un abrazo a todos, ninguno tocaba de oído y todos con respeto bien ahí..

Aguante BOCA y el mejor foro de todos los tiempos!
 

CHENO

Titular
Volviendo del laburo me leí 160 páginas de este tema, casi tiene 10 años, es reliquia pura. Me pone contento que de vez en cuando lo levanten especialmente los " históricos " por ej carlos schiaviPACHO Ixam etc un abrazo a todos.
 
carlos o alguien podes contar como era la interna en el 93? si marcelo de lomas quería sacar al abuelo? el rafa tmb quería sacarlo? el rafa tubo algo q ver con el juicio?
 
Preferible idolatrar a Jose y no al mercenario puto y cagon de Di Zeo, Aguante Quique y Jose jajajajaja,los fierros los empezo a usar a principios de los 90, respondiendo la pregunta del amigo, Jose tomaba vino antes en las previas, pero no al punto de estar en pedo. Era un genio, pero bueno, una lastima como termino por los mercenarios que quisieron sacarlo y lo lograron. Igual, yo si fuese de riBer, y aunque no lo sea lo hago igual, idolatrar a los Hermanos Willian y Alan, unos capos dentro y fuera de la cancha tuve la suerte de conocerlos y compartir asados, puro huevos, no robaban, siempre al frente y lamentablemente terminaron como Jose. Saludos
el rafa tubo q ver con lo de labuelo?
 
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